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El cine independiente y su irónica popularidad actual

El cine independiente creció a partir de la necesidad de las personas con ganas de hacer cine, con bajo presupuesto y la muestra del realismo, al margen de la comercialización, la fantasía y producción habitual.

Sabemos también que no pertenecen a grandes estudios cinematográficos; con un plano y diseño sencillo, comenzaron los movimientos como la Nouvelle Vague (nueva ola) en Francia o el neorrealismo en Italia, algo mucho más humano y más cercano a una trama que a un desenlace.

Para finales de los años 50 el movimiento de Nouvelle Vague con directores como Jean-Luc Godard y su À bout de souffle o Claude Chabrol con Le Beau Sergecon, revolucionarían el cine; en el caso de Chabrol dirigió dos películas gracias a la herencia que recibió su mujer y sirvió como único presupuesto.

Además, comenzaba a verse una estructura importante en el cine europeo y un público cinéfilo y crítico que asistía a cineclubs a ver las cintas. Películas como Les quatre cents coups (Los 400 golpes) de Truffaut dieron el golpe sobre la mesa advirtiendo la ola del nuevo fenómeno cinematográfico.

Con la intención de atraer más público a las salas (la gran depresión golpeó en forma considerable la concurrencia a las salas), los estudios propusieron presentar un doble programa. Así nacieron las películas clase B, que eran realizadas con muy bajos presupuestos y con un rodaje muy breve.

En 1984, comenzó el ya mítico Sundance Film Festival, donde los cineastas independientes se reúnen año tras año a presentar sus producciones (donde las películas no tienen que tener exhibición previa en los Estados Unidos para ser aceptadas). Sundance se ha transformado en un trampolín para que los realizadores independientes terminen trabajando en Hollywood, dejando de lado sus inquietudes artísticas, trabajando dentro de la maquinaria de los estudios.

“Para los cineastas independientes, “tener éxito” en Sundance significa casi invariablemente vender sus películas a los estudios (lo que significa en la mayoría de los casos perder el control, incluido el corte final). Ergo, tener éxito en la meca del cine independiente es perder la independencia.” ─ Jonathan Rosenbaum, crítico.

Si es verdad que grandes cineastas que se mantienen en un pedestal ahora, comenzaron con bajo presupuesto, y llegar a la cima no significó perder la esencia y aumentar la ambición más allá de entretener.

Hace unos 30 años, pateaban films independientes que no eran respaldados por alguien grande, películas como Moonlight y Get Out (la primera es ganadora a mejor película y la segunda ganadora a mejor guión original en los Oscar), son prueba de esa popularidad inmensa. Ahora con una cámara digital se pueden hacer grandes cosas… es lo que vende, y la ironía se encuentra en que: el cine independiente está de moda.