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El relato inspirador de la historia del «Coronel Sanders» de KFC

No solamente a las chicas de verdad les gusta el pollo frito, sino a muchas personas por igual, sin distinción de género. Como ejemplo de ello tenemos a Harland David Sanders, aka Coronel Sanders o Coronel Kentucky, el empresario norteamericano que hizo de esta variante del pollo todo un negocio a nivel mundial: Kentucky Fried Chicken, mejor conocido como KFC.

Antes de empezar a contar cómo fue que el éxito llegó a él, vemos necesario mencionar algunas cosas. Por ejemplo, que muchas personas tienden a pensar que las riquezas y la buena vida llegan de la nada, o con mínimos esfuerzos. Y sí, en algunos -pocos- casos esto es cierto, pero no en la mayoría de ellos. Dicho esto, ya podemos intuir -y también por el título de esta nota- que todo con respecto a la historia de KFC fue un reto para su creador.

Todo el «drama» llegó a su vida desde temprana edad. A los cinco años murió su padre, y mucho más adelante, durante su adolescencia, empezaron los problemas financieros y dentro de su hogar. Esto le obligó a dejar de estudiar a los 16 años, y para los 17  ya había perdido más de cuatro trabajos.

Por si fuese poco, a los 18 años decidió casarse. A esa misma edad quiso probar suerte trabajando como conductor, pero falló. Esta «racha» la sostuvo, al menos, hasta los 22 años, pero para aquel momento tenía un plan adicional: ir al ejército. Sin embargo y aunque parecía sencillo, fue rechazado.

A partir de ahí quiso probar suerte con cosas mucho más «importantes» y profesionales, pero parecía que una nube negra le seguía cada paso que daba diariamente. Quiso e intentó entrar a la escuela judicial, pero volvió a ser rechazado y ahí sus ánimos -lógicamente- fallaron. Acabó trabajando como un vendedor de seguros, pero no era lo suyo y el fracaso lo «sorprendió» nuevamente.

A nivel familiar nada parecía estar bien tampoco. Cuando tenía 25 años fue dejado por su esposa, quien además se encargó de apartarlo de su única hija. Luego de eso su rutina consistió en lavar los platos sucios de una modesta cafetería en algún rincón de los Estados Unidos, siempre con la mente en su pequeña. 

El Coronel siempre se mantuvo al pendiente de su exmujer y de su hija, así que un golpe, quizá de suerte, le hizo volver a tenerlas de regreso un tiempo después.

Cuando tenía 65 años, optó por su retiro laboral. El gobierno le otorgó por ello un cheque de 105 dólares, pero este dinero no era suficiente en ningún sentido. Ese día decidió suicidarse, pero fue mientras estaba sentado debajo de un árbol que consiguió dar con algo que jamás había intentado: cocinar.

Los pocos dólares que tenía los invirtió para comprar una freidora, donde empezó a hacer pollo frito con una receta única y de su autoría. Empezó a venderlo puerta por puerta, vecino por vecino en Kentucky, su localidad.

Una nueva vida comenzó para él a partir de esos días. Empezaba a generar ingresos suficientes como para mantenerse, hacerse conocido, y convertirse en todo un hombre de negocios a pesar de su edad avanzada.

Después de tantos fracasos, caídas y golpes de la vida, a los 88 años -o quizá poco antes- ya era multimillonario.